Usted podría decir: ¡Vaya! ¿Así
que hoy habéis dado el tema de las drogas? ¿Qué
te han enseñado?
Hijo: Bueno, cosas de las drogas y el alcohol. El profesor dijo
que muchas personas de tu edad tomaron drogas cuando eran jóvenes.
Usted: La verdad es que no estoy muy seguro de lo que quería
decir tu profesor, pero puedo hablarte de lo que sé de aquellos
tiempos. ¿Te apetece? (Aquí el padre o cuidador ofrece
una posibilidad de elección, porque algunos chicos prefieren
tener un conocimiento general, sin conocimientos específicos
de la experiencia de sus padres o cuidadores. Otros, en cambio,
querrán escucharle.)
Hijo: Claro.
Usted: Pues muchas personas de mi edad, que en aquellos tiempos
eran adultos jóvenes, probaron la mariguana. Solíamos
darle el nombre de "porro". Pero no sabíamos de
ella tanto como sabemos ahora. Lo mismo pasaba con los cigarrillos.
Tampoco creíamos que fumar fuera malo. ¿Sigues queriendo
saber si fumé mariguana? Piensa tu respuesta. ¿Cómo
te sentirías si contestara que sí?
(Para entonces, la conversación se puede estar abriendo.)
Hijo: Pensaré en ello. No sé si quiero que me respondas...
bueno, sí y no. Sí, porque siempre dices que hay que
ser sincero. No, porque no estoy seguro de lo que pensaré
de ti. Si contestas que no, serás un padre normal. Si contestas
que sí... no sé, me resultaría extraño.
Usted: Tienes toda la razón. Por eso quería que
pensaras en ello. Pero recuerda que si decides mantener la pregunta,
y con independencia de cuál sea mi respuesta, podemos hablar
más de ello.
(Incluso antes de que haya respondido a la pregunta, se han abierto
muchas oportunidades entre usted y su hijo. Eso representa más
de la mitad de la batalla para ayudar a los chicos a rechazar el
alcohol y las drogas: una fuerte relación con los padres,
aunque a veces resulte duro, les ayuda siempre.)
Hijo: ¿Simplemente estás intentando no responderme?
Usted: No, lo que intento es pensar seriamente cómo responderte
para que sepas más de lo que crees acerca de cómo
tomé drogas.
Hijo: ¿Entonces las tomaste?
Usted: Sí, las probé. Un par de veces, porque unos
amigos míos lo hacían. Enseguida lo dejé, porque
decidí que no era bueno.
(Es importante trazar una distinción entre haber tomado
drogas de adolescente, cuando era un adulto joven o el uso actual
de los adultos. No debería decir que las toma actualmente
si su hijo no se lo pregunta directamente. Debería buscar
ayuda para usted y para su hijo con el fin de hacer frente a esta
situación.)
Usted: ¿Qué piensas?
Hijo: ¿De qué?
Usted: De que te haya dicho que lo hice y lo dejé.
Hijo: Oh, está bien. No sé qué decirte.
Usted: ¿Te preguntarías si te daría permiso?
¿O piensas que está bien tomar drogas porque yo lo
hice?
Hijo: Bueno, si tú lo hiciste, ¿cuál es el
problema?
Usted: Que yo las tomara o no, no es lo principal. Lo principal
eres tú. Claramente no deseo que pruebes el alcohol, la mariguana
ni cualquier otra droga. No voy a darte una conferencia acerca de
lo malas que son, porque probablemente ya has aprendido mucho de
ellas en el aula. Pero sí quiero que pienses en esto: tú,
lisa y llanamente, no las necesitas. Tú tienes muchas expectativas.
Las drogas no ayudan realmente a nada. No solucionan los problemas.
No te harán más popular. No te ayudarán a crecer.
Y seguramente no te ayudarán a tener una mente y un cuerpo
fuertes. De hecho, lo que suele suceder es lo contrario. Ahora prepárate
para el entrenamiento de fútbol: eso sí es algo que
te hará sentirte bien. |